
-¿Sentís que estás tocado por una varita mágica?
-Sí, creo que algo de eso hay. Mi señora (Danesa) y los que me conocen me lo dicen siempre. "Vos tenés un ángel aparte, te ponés la camiseta de River y sos otra persona. Tenés una suerte, un culo increíble". Pero estas cosas no te las regala nadie, eh, yo trabajo para lograrlas. Ponerme esta camiseta me da un plus. Hasta a mí me sorprende lo que me pasa cuando juego en River. Siempre digo que con esta camiseta me tengo una fe ciega y confío en mí, pienso que vamos a ganar, que voy a pasar a todos por arriba y, la verdad, jamás se me cruza por la cabeza que nos va a pasar algo malo.
-¿La 10 te transforma en Superman?
-No, Superman no, pero me siento muy bien. La camiseta sola me da un plus, sea el número que fuera. Si es la 10, la 7 o cualquier otra, eso no es lo importante. Siento un amor muy grande por estos colores, vestirlos es lo máximo que me pasa en la vida y, sinceramente, lo quiero disfrutar. Me la pongo y soy feliz, me divierto. Ojalá pueda seguir haciéndolo por mucho tiempo más.
-¿Cómo se explica todo lo que te cambia con sólo estar en River?
-Te juro que es algo natural. Acá pasé mis mejores momentos, en ningún otro club rendí como en River, y hasta pareciera que no sirvo si tengo otra camiseta. Acá soy libre, me miman mis compañeros, me miman los utileros, la gente me quiere. Y eso es único. No es fácil ni normal que los hinchas demuestren tanto ese amor que me tienen. Ni que siempre coreen mi nombre. Ganarse eso es difícil, eh.
-Y ahora te ganaste hasta a los canadienses...
-Sí, es cierto, je. Me sorprendió cómo me aplaudieron cuando salí, porque la gente de acá se me hace medio fría. Estuvo bastante callada durante el partido, pero en el cambio algunos hasta se pararon.
-¿Estabas muy ansioso antes del partido?
-Sí. Jugar me produce mucha ansiedad. Siempre digo que a los partidos los arrancaría sin hacer la entrada en calor. Empezaría directamente como en el potrero, a la cancha de una..
-Al entrenamiento no le esquivás, pero te desvivís por patear una pelota.
-Jamás le esquivé al entrenamiento. Hoy, al nivel que se juega, no podés estar más o menos. Sobre todo por mi forma de jugar, de arrancar, de frenar, de encarar. Para eso necesito estar mil puntos físicamente, pero más allá de ser consciente de lo importante que es no dar ventaja en lo físico, lo que más amo es jugar a la pelota.
Sí, el Burrito juega a la pelota, no al fútbol. ¿Que es lo mismo? No, el que juega a la pelota se divierte, afronta a los partidos de otra manera. En esas palabras se nota el sentimiento que el ídolo tiene por esta profesión, a la que toma con responsabilidad, aunque para él se trate de su mayor diversión. Y sabe muy bien que si él es feliz, muchos más se sentirán de igual forma: "Los goles te generan un momento de felicidad única y, la verdad, hacía un montón de tiempo que no metía uno con esta camiseta. Por eso estoy muy contento. Y esto es para toda la gente de River que siempre me bancó, para mi señora y mis tres hijos (Sol, Tomás y Manuela). Especialmente para Tomi, que mañana cumple años. Este gol es para él, es el mejor regalo que le podía hacer".
-¿Qué fue lo primero que pensaste después de meter esa vaselina?
-Se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza. Me puse muy contento. Enseguida vinieron todos los muchachos a abrazarme, me felicitaban, se reían y me decían que había hecho un golazo. Y, la verdad, era cierto, je.
-Enseguida besaste el escudo de la camiseta.
-Porque la amo. Soy hincha de River y me sale del alma. Sin esta camiseta no puedo vivir, la siento como parte de mí.
-¿Y ahora? ¿Qué sigue?
-Seguir disfrutando y entrenando a full como hasta ahora. Es un lindo momento, pero mañana (por hoy) hay que seguir con este ritmo porque se vienen muchas cosas lindas y que nos entusiasman, como el torneo y la Copa.
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